• Inversiones, Negocios 26.02.2020

    Cuando un pensamiento ronda por mi cabeza, es difícil no materializarlo. Como estás palabras que caen suavemente en mi teclado… está noche. Llevo meses pensando en cómo comenzar a escribir está entrada del blog, sin encontrar manera: comencé por comenzar. Comenzar pensando donde nacen las palabras, no hay otro lugar… siempre es donde mismo.

         Aquella noche conducía de sur a norte en la ciudad, habíamos salido a bailar y platicábamos relajadamente de camino a casa. Recuerdo perfectamente su sonrisa, llevábamos ya algunas semanas saliendo, ella solía hacerme aquellas preguntas que no solo me agradaba responder por qué le interesaba lo que hacía, si no que a la vez hacia las preguntas en las que me encantaba explayarme al responder.

    -Trabajas mucho, ¿toda tu vida te ves así?, ¿cuál es tu vida ideal?. –Preguntó.

    Aunque en ese momento mi ideal de vida no concordara con lo que me encontraba haciendo y, cualquier persona me hubiera dicho que iba en la dirección equivocada, no importaba, siempre respondía lo mismo porque sabía que estaba al menos enfocado en esa cosa que me llevaría a las demás.

    -Quiero algún par de cafeterías y mejorar la empresa constructora. –Respondí.

    Fue la primera persona en desnudarme al preguntarme ¿ah, sí?… ¿cómo serán tus cafeterías?.

    -Sonreí y pensé que… tenía los elementos, pero nunca los había unido, me encantaba el café, tenía el concepto en mi mente y algunos conocimientos sobre como arrancar ese proyecto, así que ese día fue el día en que comencé a unir las piezas.

    -Se llamará “La Ventana” y la decoraremos de fotografías tomadas a través de una ventana alrededor del mundo con una perspectiva hacia lo local; el café será local, hay muchas cafeterías que se han olvidado de vender café. –Respondí.

    Todo el mundo puede hablar, decir, opinar y suponer… pero tener una idea no es suficiente, todas las ideas corren el peligro de ser sólo eso… “ideas”. Tener una idea evolucionada en un proyecto claro de cómo hacer las cosas es muy diferente.

         La idea llevaba tiempo enraizada en mi cabeza y decirlo era imposible no pensar en aquel viaje que había hecho por Chile, en el cual después de varias semanas me detuve en un hostal en la capital, había estado viajando solo, con mi mochila y mi cámara. Después de algunos cansados días, como aquel en Patagonia toco dormir en el frío piso del aeropuerto y, algunas terminales de autobús, decidí detenerme por unos días en aquel hostal, arrendé la habitación más pequeña en la que he dormido y disfrute de la sensación de estar acostado cómodamente a pesar del reducido espacio. Recuerdo perfectamente aquel día como si hubiese sido ayer, cada vez que lo recuerdo, la cama individual pegada a la pared, un armario unido a un buró en la esquina del lado de la cabecera y, en el muro enfrente los rayos del sol entraban por la única ventana de la habitación: una ventana pintoresca, algunas flores amarillas habían subido en su enredadera y formaban un marco afloradamente bello, al asomarme la vista me hacía sentirme local, veía las ventanas de algunas casas vecinas y algunos tendederos de ropa. Lo reducido que era el espacio hacía que cuando me recostaba mis pies alcanzaban a salir por aquella ventana con facilidad y me divertía hacerlo mientras leía un libro.

    El día que platiqué aquello me percaté que esa historia ya la había platicado en partes, a varias personas y, a su vez, sentía que era la misma conversación cada vez que platicaba alguna parte de ella, pero el impacto que tenía completa era suficiente para que la gente pensará que tenía lo principal para fundar ese proyecto. Y lo que me di cuenta en ese entonces fue que tenía una parte esencial, tenía el concepto.

    admin @ Miércoles, 26 de febrero de 2020

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